La osteoporosis es una enfermedad caracterizada por la disminución de la densidad mineral ósea, lo que aumenta el riesgo de fracturas y debilita significativamente los huesos. El proceso de pérdida de calcio y otros minerales del hueso está impulsado principalmente por el hiperactividad de las células denominadas osteoclastos, responsables de la resorción ósea. Intervenir a tiempo con un tratamiento adecuado es fundamental para detener la pérdida de calcio y evitar complicaciones a largo plazo.
Terapia farmacológica: el pilar para frenar la pérdida de calcio
En el tratamiento actual, los fármacos antirresortivos, especialmente los bisfosfonatos como el alendronato, el risedronato, el ibandronato y el ácido zoledrónico, son las opciones más ampliamente recomendadas para detener la resorción ósea y minimizar la pérdida de calcio.
- Alendronato: su eficacia ha sido probada en varios estudios, demostrando que puede aumentar la densidad mineral ósea tanto en hueso cortical como trabecular, e incluso reducir el riesgo de fracturas vertebrales hasta en un 48% y de cadera en un 51%. Se administra generalmente en dosis semanales de 70 mg o diarias de 10 mg, con buena tolerancia y mínimos efectos secundarios gastrointestinales en la mayoría de pacientes.
- Risedronato: disponible en múltiples presentaciones, permite flexibilidad para el paciente. Su acción es similar al alendronato, bloqueando la actividad osteoclástica para preservar el calcio óseo.
- Ibandronato: se puede administrar mensualmente o en forma de inyección trimestral, lo que mejora la adherencia al tratamiento en ciertos perfiles de pacientes, con un perfil de efectos secundarios similar a otros bifosfonatos.
- Ácido zoledrónico: se administra como una infusión intravenosa anual o bianual, siendo una opción efectiva para quienes no toleran la vía oral o buscan reducir la frecuencia de administración.
Todos los bisfosfonatos mencionados han demostrado detener eficazmente la pérdida de calcio al limitar la actividad osteoclástica. Esto permite que los osteoblastos, las células encargadas de formar hueso nuevo, trabajen de forma más eficiente y se mantenga la densidad mineral ósea.
Adicionalmente, existen terapias anabólicas como el romosozumab y la teriparatida, que estimulan la formación de hueso nuevo y pueden usarse en casos de osteoporosis severa o refractaria a los tratamientos convencionales. Su principal función es incrementar la masa ósea y, en combinación con antirresortivos, estabilizar el proceso de remodelación ósea.
Importancia de una adecuada suplementación nutricional
Además de los medicamentos, es imprescindible asegurar un adecuado aporte de calcio y vitamina D, ya que sin este suministro los fármacos no logran el efecto esperado sobre la masa ósea. Para adultos, se recomienda un consumo diario de entre 1000 y 1500 mg de calcio elemental y 800 a 1000 UI de vitamina D.
- Los productos lácteos son la fuente principal de calcio, pero en caso de intolerancia, se deben incorporar suplementos.
- La vitamina D es fundamental para optimizar la absorción del calcio a nivel intestinal y mantener los niveles séricos adecuados para la mineralización ósea. El objetivo es lograr al menos 30 ng/mL de 25(OH)D en sangre como nivel basal recomendado internacionalmente.
- En situaciones especiales, como uso crónico de corticoides, enfermedades inflamatorias o celiaquía, las necesidades de calcio y vitamina D pueden ser mayores, por lo que requiere una supervisión médica estricta.
El fallo en la corrección de un déficit de vitamina D generaría hiperparatiroidismo secundario y anularía el efecto de los antirresortivos.
Cambio de hábitos y ejercicio físico, aliados fundamentales
El ejercicio físico regular, especialmente el de carga y fortalecimiento muscular, favorece tanto el mantenimiento de la masa ósea existente como la potenciación de la formación de nuevo tejido por estimulación directa de los osteoblastos. Las recomendaciones incluyen caminar al menos 30 minutos diarios y complementar con ejercicios de fuerza adaptados a la edad y condición del paciente.
- El abandono de hábitos nocivos como fumar o el consumo excesivo de alcohol tiene un efecto positivo en la salud ósea.
- El mantenimiento de un peso corporal saludable también es esencial, ya que tanto el bajo índice de masa corporal como el sobrepeso aumentan el riesgo de fracturas.
- Evitar caídas y accidentes domésticos mediante pequeñas modificaciones en el hogar representa una estrategia preventiva clave, dado que el principal riesgo de la osteoporosis es la fractura por traumatismos mínimos.
La combinación de estos factores no farmacológicos potencia el efecto global del tratamiento y puede marcar la diferencia en la evolución clínica del paciente.
Nuevas alternativas y consideraciones especiales
En algunos casos específicos, como la osteoporosis secundaria a enfermedades endocrinas o tratamientos oncológicos, se valora la introducción de calcitonina en spray nasal, de utilidad en el control del dolor vertebral y como opción cuando otros tratamientos no son bien tolerados.
A continuación, se destacan algunos puntos adicionales relacionados con el abordaje global de la enfermedad:
- La evaluación periódica de la densidad mineral ósea mediante densitometría (DXA) es esencial para monitorizar la respuesta al tratamiento y ajustar la terapia según resultados y tolerancia a largo plazo.
- Un enfoque personalizado que valore comorbilidades, factores de riesgo individuales y preferencias del paciente optimiza la adherencia y los resultados terapéuticos.
A pesar de lo innovador de algunos tratamientos, la mayoría de medicamentos actuales no recuperan el hueso perdido de forma significativa, sino que ralentizan o detienen la progresión de la pérdida de calcio. Por ello, la detección temprana y el inicio precoz del abordaje integral son las estrategias más eficaces para prevenir fracturas y sus complicaciones.
La lucha contra la pérdida de calcio en la osteoporosis exige una mirada multifactorial; el éxito radica en la combinación de tratamientos farmacológicos guiados por especialistas, suplementación nutricional adecuada, cambios sostenidos en el estilo de vida y actividad física regular. Mantener niveles óptimos de calcio y vitamina D, así como atender factores de riesgo subyacentes, es clave para minimizar el impacto de la patología y proteger la salud ósea a largo plazo.