El consumo de refrescos con la idea de que ayudan a la digestión es una creencia muy extendida, pero en realidad, los efectos de estas bebidas sobre el sistema digestivo y la salud general presentan más riesgos que beneficios. La popularidad del mito se debe, en parte, al alivio temporal que algunas personas experimentan tras beber refrescos, especialmente tras comidas copiosas. Sin embargo, la evidencia científica y médica muestra una realidad distinta y más compleja.
¿Por qué se cree que los refrescos ayudan a la digestión?
El origen de este mito se relaciona con la sensación transitoria de alivio que algunas personas sienten al consumir bebidas con gas tras una comida abundante. Este efecto puede explicarse por varios mecanismos fisiológicos:
- Las burbujas de dióxido de carbono en las bebidas gaseosas producen una expansión en el estómago y pueden estimular el eructo, proporcionando una sensación pasajera de descompresión gástrica.
- En el caso de los refrescos de cola, su contenido en cafeína puede estimular el vaciado gástrico, facilitando el tránsito gastroduodenal tras un exceso alimentario puntual.
No obstante, este “beneficio” momentáneo no significa que los refrescos sean adecuados para la digestión en general. Su consumo en estas situaciones puede ser la excepción, pero no justifica un hábito frecuente ni sugiere beneficios digestivos reales a largo plazo. Además, las propiedades estimulantes que pudieran tener algunos ingredientes como la cafeína no compensan los riesgos de su consumo habitual en relación con la salud gastrointestinal.
Impacto real de los refrescos en el sistema digestivo
Lejos de aportar bienestar digestivo, la evidencia científica señala múltiples efectos adversos del consumo regular de refrescos:
- Las burbujas de gas relajan los esfínteres esofágicos, lo que facilita el reflujo del ácido estomacal hacia el esófago. Esta situación puede provocar ardor, sabor amargo en la boca y potencialmente el desarrollo de patologías como el reflujo gastroesofágico, que es un problema de salud frecuente y molesto[Wikipedia: reflujo gastroesofágico] .
- La acidez de los refrescos, incrementada por la presencia de ácido fosfórico u otros ácidos, puede irritar las mucosas gástricas, propiciando molestias y, a largo plazo, dañar el revestimiento del estómago y del esófago, lo que se asocia con mayores riesgos de enfermedades graves como el esófago de Barrett o incluso cáncer esofágico.
- El alto contenido de azúcares refinados incrementa la osmolaridad intestinal. En situaciones como la diarrea, lejos de ayudar, puede agravar los síntomas al atraer más agua hacia la luz intestinal, intensificando la pérdida de líquidos y empeorando el malestar digestivo.
- El consumo habitual de refrescos también puede causar disbiosis, es decir, un desequilibrio en la microbiota intestinal, lo que propicia síntomas digestivos como gases, distensión abdominal y mala digestión.
- En casos de dispepsia funcional o digestión difícil, los refrescos suelen empeorar los síntomas, añadiendo molestias en personas predispuestas.
Excepciones clínicas y casos especiales
Se han documentado situaciones excepcionales en las que el consumo de ciertos refrescos, principalmente refrescos de cola, puede tener una utilidad médica concreta. Un ejemplo es el tratamiento de los bezoares gástricos, que son acumulaciones sólidas indigeribles en el estómago. En estos casos, se ha observado que la combinación de ácido, carbonatación y otros compuestos del refresco ayuda a deshacer parcialmente estas masas, facilitando su resolución sin cirugía en pacientes seleccionados.
Sin embargo, estas indicaciones son excepcionales y deben estar supervisadas por un especialista. No deben tomarse como justificación para el consumo regular o indiscriminado de refrescos.
Asimismo, para un alivio puntual de indigestión por exceso alimentario, un vaso ocasional de refresco con cafeína podría favorecer el vaciado gástrico en personas sanas, pero esto no implica que sea una práctica recomendable ni eficaz para todos los problemas digestivos. En casos de diarrea, el uso de refrescos como medida de rehidratación está desaconsejado, ya que no aporta el necesario equilibrio de sodio y otros electrolitos. Los sueros de rehidratación oral específicos son la opción adecuada en esos cuadros.
Riesgos a largo plazo y salud general
La evidencia acumulada sobre el consumo habitual de refrescos, tanto azucarados como light, advierte de múltiples riesgos para la salud:
- Aumento de peso y obesidad, especialmente en la zona abdominal, lo que incrementa el riesgo de patologías metabólicas como diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
- Deterioro del esmalte dental debido a la acidez sostenida, lo que favorece la aparición de caries y fragilidad dental.
- Relación con la resistencia a la insulina: el consumo continuado de grandes cantidades de azúcar facilita la aparición de la resistencia a la insulina, fase previa a la diabetes tipo 2.
- Las bebidas con gas pueden provocar hinchazón abdominal, lo que conlleva una sensación incómoda de plenitud y puede dificultar la saciedad, promoviendo la ingesta excesiva de alimentos.
- Los riesgos no se limitan a las bebidas azucaradas. Los refrescos light o sin calorías contienen otros aditivos que aún están en investigación por sus potenciales efectos disruptores sobre la microbiota intestinal y el metabolismo.
La Organización Mundial de la Salud y múltiples sociedades científicas coinciden en recomendar la reducción drástica de refrescos y bebidas azucaradas como parte esencial en la prevención de numerosas enfermedades crónicas y en la promoción del bienestar digestivo y general.
En resumen, el consumo ocasional y en cantidades moderadas de refresco puede aliviar momentáneamente la sensación de pesadez estomacal tras una comida abundante, pero lejos de ser bueno para la digestión, su consumo regular está relacionado con un aumento de problemas digestivos y riesgos metabólicos. No existen evidencias científicas sólidas que respalden el mito de que el refresco es una ayuda digestiva segura o eficaz, y sí muchas advertencias sobre sus riesgos, especialmente en el contexto actual de aumento de enfermedades asociadas al consumo excesivo de azúcares y a la mala regulación de la dieta. Ante dudas digestivas persistentes o problemas de salud relacionados, lo indicado siempre es consultar a un profesional médico.