¿Tienes dolor, gases y muchos ruidos en el estómago? Este podría ser el motivo oculto y cuándo preocuparse

La presencia de dolor, gases y ruidos en el estómago es una experiencia cotidiana para muchas personas. Aunque estos síntomas pueden causar incomodidad física y social, generalmente están relacionados con el proceso normal de digestión y no suelen ser motivo inmediato de preocupación. Sin embargo, cuando estos síntomas se intensifican, se combinan con otros signos de alerta, o persisten en el tiempo, pueden indicar algún trastorno subyacente que requiere evaluación médica.

Causas frecuentes de ruidos y gases abdominales

El gruñido estomacal, también conocido como borborigmo, es el resultado del movimiento de alimentos, líquidos y principalmente gases a través del estómago y el intestino delgado. Este fenómeno ocurre debido a la peristalsis, una serie de contracciones musculares en forma de ondas que impulsan los alimentos a lo largo del tracto digestivo. La peristalsis no sólo mueve el bolo alimenticio, sino que también arrastra con él burbujas de gases producidas por la digestión o por el aire ingerido durante la deglución. Como no existe ‘aislamiento acústico’ en el estómago, estos sonidos suelen ser perceptibles y normales en la vida diaria.

Las principales causas de estos síntomas incluyen:

  • El hambre: cuando el estómago está vacío, el cerebro activa señales que desencadenan contracciones en el tracto gastrointestinal, generando ruidos audibles.
  • Digestión incompleta o lenta, donde el tránsito de alimento y gas se prolonga y puede provocar sonidos intensos acompañados a veces de molestias.
  • Ingesta de aire al comer rápido, masticar chicle o beber con pajilla, lo que incrementa el volumen de gas en el estómago e intestinos.
  • Fermentación de carbohidratos no absorbidos, que produce cantidades significativas de gas que deben ser expulsadas.
  • Reacciones químicas durante el metabolismo intestinal, especialmente tras el consumo de fibra y alimentos fermentables.
  • Relación entre dolor abdominal, gases y enfermedades digestivas

    Aunque la producción de ruidos y gases suele ser fisiológica, hay situaciones en las que el dolor abdominal se convierte en protagonista. El dolor puede ser resultado de una mayor sensibilidad a la distensión intestinal; es decir, algunas personas reaccionan con malestar ante volúmenes de gas que la mayoría toleran sin molestias. El dolor también tiende a intensificarse conforme pasa el día, especialmente después de las comidas, y puede asociarse a la necesidad de aflojarse la ropa debido a la distensión abdominal.

    Sin embargo, ni el olor ni el ruido excesivo de los gases son por sí mismos señal de enfermedad gastrointestinal grave. Sólo el 15% de la población occidental experimenta síntomas crónicos como dolor abdominal, hinchazón o gases continuos y notables.

    Existen enfermedades digestivas en las que estos síntomas pueden ser relevantes, como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) – incluyendo Crohn y colitis ulcerosa -, el síndrome de intestino irritable, o la intolerancia a ciertos nutrientes (lactosa, fructosa, gluten). En estos casos, los ruidos y gases pueden acompañarse de otros síntomas como diarrea persistente, sangre en las heces, fiebre, o pérdida de peso inexplicable, lo que sí amerita una consulta médica especializada.

    Signos de alarma y situaciones que requieren atención médica

    La mayoría de los ruidos estomacales, gases y dolores leves forman parte de la rutina digestiva. No obstante, existen signos de alerta que indican la conveniencia de buscar atención profesional:

  • Dolor abdominal intenso, persistente o agudo que se acompaña de vómitos, fiebre, o incapacidad para evacuar gases o heces.
  • Cambios repentinos en el patrón de evacuación (diarrea constante, estreñimiento severo) sin explicación clara.
  • Presencia de sangre en las heces, pérdida de peso sin motivo aparente o debilidad generalizada.
  • Ruido estomacal excesivo junto a síntomas sistémicos (palpitaciones, sudoración, signos de infección).
  • Hinchazón abdominal progresiva, especialmente si se asocia a dificultad para respirar o dolor torácico.
  • Casos menos frecuentes

    Aunque poco común, trastornos como la rabdomiólisis, alteraciones metabólicas, o infecciones graves pueden producir dolor abdominal junto a síntomas digestivos, generalmente en contextos de enfermedad sistémica aguda.

    Se recomienda siempre prestar atención al conjunto de síntomas y no solo al ruido o al dolor aislado.

    Recomendaciones prácticas para aliviar el malestar digestivo

    En la mayoría de los casos, implementar sencillos hábitos puede mejorar los síntomas relacionados con dolor, gases y ruidos abdominales:

  • Evitar comer rápido, masticando cuidadosamente y en un ambiente relajado.
  • Limitar el consumo de bebidas carbonatadas, chicles y uso de pajillas para reducir la ingesta de aire.
  • Realizar actividad física moderada después de las comidas favorece la peristalsis y facilita la expulsión de gases.
  • Restringir alimentos ricos en fibra fermentable si se experimentan molestias recurrentes, como ciertas legumbres o verduras crucíferas.
  • Si se sospecha intolerancia alimentaria, llevar un diario de síntomas y consultar con un gastroenterólogo para diagnóstico específico.
  • En ocasiones, el uso de probióticos puede ser beneficioso, sobre todo si hubo alteraciones en la flora intestinal tras tratamientos con antibióticos o periodos de estrés prolongado.

    Es fundamental recordar que, aunque los ruidos, gases y dolores leves suelen ser parte normal del funcionamiento digestivo, la aparición de síntomas nuevos, muy intensos, persistentes o que afectan a la calidad de vida, requieren una valoración médica para descartar causas orgánicas y orientar un tratamiento adecuado.

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