La presencia de dolor, gases y ruidos en el estómago es una experiencia cotidiana para muchas personas. Aunque estos síntomas pueden causar incomodidad física y social, generalmente están relacionados con el proceso normal de digestión y no suelen ser motivo inmediato de preocupación. Sin embargo, cuando estos síntomas se intensifican, se combinan con otros signos de alerta, o persisten en el tiempo, pueden indicar algún trastorno subyacente que requiere evaluación médica.
Causas frecuentes de ruidos y gases abdominales
El gruñido estomacal, también conocido como borborigmo, es el resultado del movimiento de alimentos, líquidos y principalmente gases a través del estómago y el intestino delgado. Este fenómeno ocurre debido a la peristalsis, una serie de contracciones musculares en forma de ondas que impulsan los alimentos a lo largo del tracto digestivo. La peristalsis no sólo mueve el bolo alimenticio, sino que también arrastra con él burbujas de gases producidas por la digestión o por el aire ingerido durante la deglución. Como no existe ‘aislamiento acústico’ en el estómago, estos sonidos suelen ser perceptibles y normales en la vida diaria.
Las principales causas de estos síntomas incluyen:
Relación entre dolor abdominal, gases y enfermedades digestivas
Aunque la producción de ruidos y gases suele ser fisiológica, hay situaciones en las que el dolor abdominal se convierte en protagonista. El dolor puede ser resultado de una mayor sensibilidad a la distensión intestinal; es decir, algunas personas reaccionan con malestar ante volúmenes de gas que la mayoría toleran sin molestias. El dolor también tiende a intensificarse conforme pasa el día, especialmente después de las comidas, y puede asociarse a la necesidad de aflojarse la ropa debido a la distensión abdominal.
Sin embargo, ni el olor ni el ruido excesivo de los gases son por sí mismos señal de enfermedad gastrointestinal grave. Sólo el 15% de la población occidental experimenta síntomas crónicos como dolor abdominal, hinchazón o gases continuos y notables.
Existen enfermedades digestivas en las que estos síntomas pueden ser relevantes, como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) – incluyendo Crohn y colitis ulcerosa -, el síndrome de intestino irritable, o la intolerancia a ciertos nutrientes (lactosa, fructosa, gluten). En estos casos, los ruidos y gases pueden acompañarse de otros síntomas como diarrea persistente, sangre en las heces, fiebre, o pérdida de peso inexplicable, lo que sí amerita una consulta médica especializada.
Signos de alarma y situaciones que requieren atención médica
La mayoría de los ruidos estomacales, gases y dolores leves forman parte de la rutina digestiva. No obstante, existen signos de alerta que indican la conveniencia de buscar atención profesional:
Casos menos frecuentes
Aunque poco común, trastornos como la rabdomiólisis, alteraciones metabólicas, o infecciones graves pueden producir dolor abdominal junto a síntomas digestivos, generalmente en contextos de enfermedad sistémica aguda.
Se recomienda siempre prestar atención al conjunto de síntomas y no solo al ruido o al dolor aislado.
Recomendaciones prácticas para aliviar el malestar digestivo
En la mayoría de los casos, implementar sencillos hábitos puede mejorar los síntomas relacionados con dolor, gases y ruidos abdominales:
En ocasiones, el uso de probióticos puede ser beneficioso, sobre todo si hubo alteraciones en la flora intestinal tras tratamientos con antibióticos o periodos de estrés prolongado.
Es fundamental recordar que, aunque los ruidos, gases y dolores leves suelen ser parte normal del funcionamiento digestivo, la aparición de síntomas nuevos, muy intensos, persistentes o que afectan a la calidad de vida, requieren una valoración médica para descartar causas orgánicas y orientar un tratamiento adecuado.